Monday, September 19, 2016

El amor en el tiempo del Xbox y el Whatsapp...

Empezaré esta entrada por una aseveración radical: no existe una limitación en medios de encuentro. Todo medio de comunicación es válido, todo sentimiento desarrollado a través de ello es real para quién lo siente. La historia de hoy no es una historia de chat de internet que perdió legitimidad en cuanto a innovación. Una amiga me buscó para apoyarla en su nueva relación que conoció por medio de una consola de juegos.

El mundo gamer nos da la impresión errónea que es estrictamente un mundo masculino. Temo que no es el caso y cada día hay más jugadoras que se unen y demuestran una capacidad que trasciende la diferencia de género. Aclaremos que el mundo de los juegos ha evolucionado igual que todas las demás tecnologías. Cabe destacar que la imagen que tenemos del juego de una persona frente a su televisor ha cambiado a una actividad dinámica que incluye varias personas en comunicación directa para llevar a cabo tareas lúdicas que incluyen mucha coordinación y habilidad. Este nuevo paradigma nos ofrece un nuevo espacio de intercambio entre personas que disfrutan una pasión común donde pueden brotar relaciones de amistad... y a veces, algo más.

Algunos nuevos juegos tienden a alargarse en un esquema de mercadotecnia y nos impulsan a crear redes de amigos para seguir disfrutando, y los encuentros en línea se vuelven frecuentes y cotidianos. Las pláticas por lo general empiezan por ser limitadas al juego mismo y siempre evolucionan a charlas personales reales donde se comparten detalles de la vida diaria. Personalmente tengo varios amigos que conocí por un juego y terminé por echarme una cerveza con ellos. El caso amoroso del cual trata esta entrada implica a una jugadora que después de meses de jugar con el mismo grupo terminó desarrollando sentimientos recíprocos con otro jugador. La única desventaja es que viven en partes un poco lejanas. Independientemente de la manera en la cual se conocieron, no cabe duda que es otro caso común de amor a distancia.

La comunicación por medio de la consola de juegos evolucionó a otros canales, whatsapp y teléfono. Los sentimientos florecieron y dieron lugar a una pasión y muchas ganas de conocerse en persona. El problema que surgió está relacionado directamente a la interpretación de señales. El chat de whatsapp nos facilita la vida, pero también la complica y puede llegar a provocar pleitos serios por mala deducción del mensaje escrito.

Este método de comunicación instantánea por medio de un aparato portátil ignora indudablemente la situación de la persona que escribe. Nunca sabemos que hace la otra persona en el momento de escribir. Si está ocupada y no contesta, podemos saltar a teorizar que no le importamos. Si escribe algo que no nos satisface pese a la emergencia entre las manos, podemos caer en interpretaciones que van desde la sencillez que está fría hasta la complejidad que tiene alguien más. Si contesta con un cuadro humorístico poco tradicional con intento de sarcasmo o ironía (donde las caras emoticónicas no corresponden o simplemente por poner la cara equivocada), podemos llegar a enojarnos y el humor se vuelve enfado, y la situación llega fácilmente a transformarse en un estallido de emociones terminando por decir cosas de las cuales casi siempre nos arrepentimos.

De igual forma, la llamada telefónica ayuda mucho a revelar el tono de voz donde muchos aspectos de la conversación se aclaran. Sin embargo, queda corta frente a una comunicación presencial donde la gesticulación y las expresiones faciales confieren más certidumbre al diálogo.

No se trata de una disertación semiológica ni psicológica (no es la tribuna adecuada), sino una constatación basada en experiencia personal donde más de una vez tuve que explicar porque escribí algo en la mensajería instantánea y que quise decir. En este caso, sucedió lo mismo.

La persona fue seca en sus respuestas porque sufrió un accidente de trabajo, se lesionó la espalda, y al mismo tiempo tenía una bronca laboral que resolver, y para colmo, una situación de carencia económica para solucionar las dos cosas al mismo tiempo. Hasta que no se aclararon las cosas en la noche del mismo día de nuestra conversación, mi amiga tuvo un cuadro asmático agudo por haber dudado de su relación y pensado que ya no le importaba. Este salto a una conclusión engañosa pudo haber llevado a un rompimiento (sin mencionar el cuadro de deterioro de salud) por no dar el beneficio de la duda.

La comunicación no solamente es importante para una pareja, sino imprescindible. Es vital entender que pueden surgir situaciones donde no se puede tener toda la información, donde una persona no está en posibilidad inmediata de comunicar todos los detalles, donde existen ciertas prioridades momentáneas que remediar y se hace un juicio precipitado, unas decisiones perentorias donde la explicación a la pareja puede esperar. En una relación saludable, esto es simplemente parte de la confianza. Una pasión a distancia que no ha crecido a un contacto personal sano no posee esta ventaja todavía. No obstante, hay que cuidar estos saltos a conclusiones, armarse de paciencia y luchar contra nuestra mente que nos juega malas bromas, y estos juegos (a menos de confiarse a un amigo o una amiga) son muy solitarios y destructivos.

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